martes, 25 de agosto de 2015

Hoy, mientras comíamos, observaba tus manos, la parsimonia de tus movimientos. Pareciera que hasta degustas el aire, jamás había visto a un hombre usar los cubiertos con la elegancia del prestidigitador y el donaire del rey. Creo que así comes el resto de las cosas que rodean tu vida, eres de los que dominan la gracia de vivir y no son dominados por la vida. No sé si te lo hayan dicho, pero haces música. Cada movimiento tuyo me recuerda la paz de otra vida, de otro momento, cuando guardaba al silencio para mezclarlo con el aire. Eres un hombre muy zen, papacito. Ojalá yo algún día logre ser igual.

sábado, 15 de agosto de 2015

Quiero de ti los cuadros verdes de tu camisa
su olor profundo a un tú glorioso
a eso de las cinco de la tarde.

Quiero de ti las formas claras de tus ojos
y lo que hay detrás de tus ojos
tan profundos y diseminados en ti
caleidoscopio de piel blanca.

Quiero de ti lamer la materia del mar
que se esconde entre los trastes
y me platica de ti a las diez de hace diez
y dentro de diez y diez plegarias de sol enternecido
mágica palabra húmeda que se guarda como un pistilo
dejándome abierta la oportunidad
de llamarte desde tu boca.

Y quiero, también, deshacerme en cantos y memorias
en la danza diaria que es para mí amarte.
Quiero de mí transfigurarlo todo
y luego dárteme recién hecha


orfebre de luz que ríe sobre mi tierra rendida.