jueves, 22 de octubre de 2015

Hoy hicimos el amor. Como otras tantas veces,ya sabes, es el agua que nos limpia y nos llena de una reverberación llamada amor, dulzura, terneza (me gusta esta palabra, ya casi arcaica). Hacer el amor con un felino es casi igual a quitarse el nombre, o a desnudarse de todo, como decía Pessoa ("desnudo todo lo que aprendí", dice un poema suyo, luego te lo presto para que lo leas), y tirarse desde la orilla de la Tierra, allá, donde la tortuga medieval guarda su colita dejando un abismo de estrellas. Eres fuego que humedece mis ojos, Jesús. No soy capaz de llorar en el acto amatorio (en verdad, es lo único en donde no puedo llorar), pero más de una vez he sentido ese rumor de agua recorriéndome la espina dorsal cuando arqueamos las horas y exploramos nuestra capacidad de ser agua.

Y al recostarme junto a ti me llega una paz... no sé si a veces te insisto en hacer el amor porque me gusta gritar que me vuelves a la vida con tu lengua, tus manos y tu sexo, o si es porque muy en el fondo sé que necesito esa paz tan nuestra, porque la paz que yo conocía no es la misma a la que experimento ahora, y es ahora cuando comprendo porqué dicen que cuando hay más de dos se encuentra dios. Es cierto. Yo lo percibo, a veces a lo lejos, a veces en un instante como de rayo que petrifica mis horas muertas, las que estaban antes de ti. Otras, lo siento muy cerca, como recostado sobre tu hombro, junto a mi cabeza.

Sé que hacer el amor no es lo único (no debe serlo) que hace una pareja. Pero hoy entendí que yo estaba sequísima, y lo más seguro es que insista muchas veces en compartir el lecho. Tú le diste paz y sentido a mi cuerpo con la primera penetración. Con tus manos, yo fui capaz de abrir la puerta y entrar a tu casa: tu corazón.

Hoy hicimos el amor...

martes, 20 de octubre de 2015

Plena de tu fémur izquierdo
yo voy dibujando una línea sobre el mar
para cuando lleguemos a estar juntos
bajo una constelación circumpolar
llamada Casiopea
o sobre los campos de magnolias escondidos
en mi historial de pinturas imaginadas en verso.

Plena de navíos de ti
de tu omóplato servido en mi vientre
cobijo mi cuerpo bajo tu aroma:
vengan octubre y Cetus o sepia de soles
dejé de temerle al mundo

sólo por causa de tu corazón tan bello.