Hoy hicimos el amor. Como otras tantas veces,ya sabes, es el agua que nos limpia y nos llena de una reverberación llamada amor, dulzura, terneza (me gusta esta palabra, ya casi arcaica). Hacer el amor con un felino es casi igual a quitarse el nombre, o a desnudarse de todo, como decía Pessoa ("desnudo todo lo que aprendí", dice un poema suyo, luego te lo presto para que lo leas), y tirarse desde la orilla de la Tierra, allá, donde la tortuga medieval guarda su colita dejando un abismo de estrellas. Eres fuego que humedece mis ojos, Jesús. No soy capaz de llorar en el acto amatorio (en verdad, es lo único en donde no puedo llorar), pero más de una vez he sentido ese rumor de agua recorriéndome la espina dorsal cuando arqueamos las horas y exploramos nuestra capacidad de ser agua.
Y al recostarme junto a ti me llega una paz... no sé si a veces te insisto en hacer el amor porque me gusta gritar que me vuelves a la vida con tu lengua, tus manos y tu sexo, o si es porque muy en el fondo sé que necesito esa paz tan nuestra, porque la paz que yo conocía no es la misma a la que experimento ahora, y es ahora cuando comprendo porqué dicen que cuando hay más de dos se encuentra dios. Es cierto. Yo lo percibo, a veces a lo lejos, a veces en un instante como de rayo que petrifica mis horas muertas, las que estaban antes de ti. Otras, lo siento muy cerca, como recostado sobre tu hombro, junto a mi cabeza.
Sé que hacer el amor no es lo único (no debe serlo) que hace una pareja. Pero hoy entendí que yo estaba sequísima, y lo más seguro es que insista muchas veces en compartir el lecho. Tú le diste paz y sentido a mi cuerpo con la primera penetración. Con tus manos, yo fui capaz de abrir la puerta y entrar a tu casa: tu corazón.
Hoy hicimos el amor...
jueves, 22 de octubre de 2015
martes, 20 de octubre de 2015
Plena
de tu fémur izquierdo
yo
voy dibujando una línea sobre el mar
para
cuando lleguemos a estar juntos
bajo
una constelación circumpolar
llamada
Casiopea
o
sobre los campos de magnolias escondidos
en
mi historial de pinturas imaginadas en verso.
Plena
de navíos de ti
de
tu omóplato servido en mi vientre
cobijo
mi cuerpo bajo tu aroma:
vengan
octubre y Cetus o sepia de soles
dejé
de temerle al mundo
sólo
por causa de tu corazón tan bello.
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