Enséñame a querer, te dije. Tu cuerpo se inclinó hacia el mío, tus días le otorgaron validez a mi memoria, tan gastada, tan penitente. Tus latidos hicieron la música que eliminó mis silencios. Me enseñaste a amarme. Me enseñaste a alabarte. Me enseñaste a amarte y perdonaste mis fantasmas. Enséñame a decirlo al mundo sin decírselo.
Aquí estoy, con el corazón abierto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario