su casa de agua y sus ventanas de híbridos mares
acurrucados entre el cielo y el suelo;
su tierra de fuego en el medio
y como si tu cuerpo tratara los cantares
trajiste la llama que en mí recuperó la risa.
Abro mis manos a tu tierra media
tan fresca, tan húmeda, tan amante ciega.
Coloco la maleta llena de mis trajes
de líderes, putas, maestras y astronautas.
Desnudo mi memoria
estabas aquí desde siempre
pertenecía a tu rumbo más que a mi sombra.
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