Te miro pasar por entre los muros del sueño y eres niño y agua, salvaje niebla y diente león, un puñado de estrellas vírgenes a punto del desfogue en los campos de lirios, ranitas y nardos que se saben mejor que ninguno la canción de ti cuando fuiste nada y luego estallaron los planetas.
Te oigo romper eslabones metálicos mientras subes con tus manos todas el éter y le das fuego a los héroes mendicantes y pan a los tiranos recordados en urnas divinas.
Te siento mirarte a ti dentro de ti y fuera de ti mismo, budista nato y guionista de cómics de alter tiempos deliciosos que se me lanzan a los dedos y me obligan a decir que sí, moriría por velar tus párpados viajantes cuando duermes que eres sueño.
El mío y el primero.
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